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lunes, 18 de agosto de 2014

Galeria Güemes

La Galería General Güemes es un edificio de estilo art nouveau que tiene un pasaje peatonal de 116 metros, el cual une las calles Florida y San Martín. También es conocida como Pasaje Güemes, y el edificio fue considerado el primer rascacielos construido en Buenos Aires, con 87 metros de altura. Se encuentra en pleno microcentro porteño, en la calle Florida 165, barrio de San Nicolás. 

Fue inaugurada el 15 de diciembre de 1915 y su nombre está dedicado al General Martín Miguel de Güemes, héroe de la Independencia Argentina. Los promotores de la obra fueron los salteños David Ovejero y Emilio San Miguel, dueños de una gran fortuna y propietarios de la casona que había en el terreno en 1830 sobre Florida. Fueron ellos quienes encargaron la realización de esta obra al arquitecto italiano Francesco Terencio Gianotti.

Cuenta con un mirador en el piso 14°, desde el cual se puede observar con una perspectiva de 360 grados toda la ciudad. Cuando se sube por el ascensor, se puede notar que no existe el piso 13°, como en la mayoría de los rascacielos norteamericanos.

Antiguamente había un teatro y un cabaret que funcionó durante mucho tiempo. Hoy en día sólo queda el teatro donde se desarrolla el espectáculo internacional Piazzolla Tango.

Cortázar y la galería.
Además de ser uno de los símbolos de la calle Florida, pasó a la historia literaria gracias al relato “El otro cielo” de Julio Cortázar. En su cuento, Cortázar imaginó unidas las Galerías Güemes y la parisina Vivienne. El protagonista da una particular versión de la galería. "Hacia el año veintiocho, el Pasaje Güemes era la caverna del tesoro en que deliciosamente se mezclaban la entre visión del pecado y las pastillas de menta, donde se voceaban las ediciones vespertinas con crímenes a toda página y ardían las luces de la sala del subsuelo donde pasaban inalcanzables películas realistas." "Mi novia, Irma, encuentra inexplicable que me guste vagar de noche por el centro o por los barrios del Sur, y si supiera de mi predilección por el Pasaje Güemes no dejaría de escandalizarse."

Arlt y la galería.
“La Babel de Yanquilandia transplantada a tierra criolla”, escribió Roberto Arlt, “con sus bares automáticos, sus zapatos amarillos, las victrolas ortofónicas, los letreros de siete colores y las girls dirigiéndose a los teatros con números de variedades que ocupan los sótanos y las alturas”.

Fotos:










lunes, 12 de mayo de 2014

Del viejo hospicio sólo quedó la iglesia

En el barrio de Monte Castro durante los primeros años de la década del ’20 empezó a funcionar el Instituto de Salud Mental Open Door (puertas abiertas). Se trataba de un sanatorio para el tratamiento de enfermedades mentales, pero no era un sanatorio cualquiera. Como su nombre lo indicaba no tenía puertas ni muros exteriores, y se podía circular libremente por todo el lugar. 

Antigua foto del lugar
 
El instituto, que luego pasó a llamarse Instituto Modelo de Frenopatía "Colonia Open Door", abrió sus puertas en el año 1925. Era un enorme predio de 7,5 hectáreas de un hermoso terreno con arboledas, parques muy cuidados y calles internas, el cual estaba ubicado entre las calles Santo Tomé, Bermúdez, Lascano y Benito Juarez.

Plano actual de la zona


Las casas donde vivían los internados estaban constituidas por edificios con aspecto familiar, completamente distante de los asilos cerrados que estamos acostumbrados a ver. En el predio estaba la capilla de la cual en su momento se hicieron cargo las Hermanas Franciscanas de la Natividad de Nuestra Señora.


Para muchos vecinos de la actualidad, este establecimiento quedó en la memoria simplemente como "el loquero". Los comentarios más frecuentes que suelen escucharse por la zona son del tipo: "Allí donde está la iglesia, antiguamente había un manicomio". Sin embargo prestigiosos especialistas de la época escribieron resaltando la labor del Instituto Open Door en la recuperación de los enfermos mentales.

Funcionó hasta el año 1958. Cuando cerró la colonia, se sucedieron una serie de remates a lo largo de dos años en los cuales fue desarmándose de a poco. Se dice que la gente que vivía en lugares aledaños se apropió de ladrillos de los edificios, y muchas casas de ese tiempo tienen elementos que pertenecieron a estas construcciones tan destacadas.
De aquel lugar no quedó nada salvo la capilla y la arboleda de la plaza Monseñor Lafitte.


La capilla del hospicio en 1928 se convierte en parroquia, y pasa a llamarse parroquia San Pedro Apóstol, los arreglos fueron financiados por Emilio Lamarca. De su arquitectura original se le agregó un atrio. Hoy se ven mejoras en su interior con respecto a la antigua nave, y también mantiene muchas características particulares de la década del 20.

Curiosamente las iglesias (entendiendo a su vez a la iglesia como institución) sobreviven a casi todo, al paso del tiempo, a los derrumbes, a las crisis.


De aquella enorme urbanización destinada a curar la mente de quienes ingresaban, lo único que se mantuvo en pie fue la iglesia San Pedro Apóstol.